A toro pasado, me dispongo a exponer mi visión de lo que ha sido la visita del Papa Benedicto XVI a Santiago de Compostela.
Y creo que lo primero que conviene resaltar es lo que supuso para la ciudad. La visita del Papa se vendió como algo bueno de la ciudad; una forma de promoción y un empujón para el turismo y la hostelería que acabaría redundando en un beneficio general para todos los santiagueses. Por ello, quedaba justificado el gasto de 3 millones de euros que, como mínimo, ya que nadie habla del gasto real que supuso, ha realizado la Xunta en el evento. A esto hay que añadir, también sin cifras a día de hoy, el gasto que supuso para la Administración Local por la parte que le tocaba, que tampoco hubo de ser poco.
El resultado, catastrófico. De los 1.200 autobuses que se esperaban, tan solo llegaron entre 150 y 200. Por supuesto que quien controla los medios de comunicación y no le interesa que se sepa hasta qué punto fue un fracaso, no tiene pudor en engordar las cifras hasta los 400 autobuses, pero hubo quien estuvo contando los autobuses según llegaban y oiga, que la cosa no da para más. Esto traducido en afluencia de gente, dejaría la cosa en unas 25.000 personas, frente a las 200.000 que se esperaban. Y para controlar a 25.000 personas, 6000 policías. Tocaba poco menos que a un policía para cada cuatro personas.
Y bueno, 25.000 personas es bastante gente aún así. Alguien podría pensar que decir que ha sido un fracaso es una exageranción; pero sinceramente, creo que lo fue. Bruce Springsteeen, The Rolling Stones o Prince trajeron 35.000 personas, aún cobrando entrada y no trajeron más porque no cabían en el estadio. Este de gratis, ni se acercó a esas cifras. ¿Aspiraba el Papa a tener un poder de convocatoria equiparable al de una estrella de rock de segundo orden?.
Respecto a los hosteleros, que habrían de ser los grandes beneficiados de la fiesta, también lamentaron los resultados. La ocupación hotelera quedó en torno al 60%; algo normal en un día cualquiera del Xacobeo y más bien escasa para ser fin de semana. Por su parte, los restaurantes de la zona vieja que contraron camararos de refuerzo para poder dar servicio al aluvión de gente que se esperaba, tuvieron más bien los resultados propios de un lunes cualquiera, que de un sábado.
Pero hay un hecho más que pone de relieve el fracaso estrepitoso de la visita del Papa a Santiago y es la espantada generalizada que hubo en Santiago. Muchos santiagueses eligieron para ese día marcharse de la ciudad en lugar de quedarse a recibir a Su Santidad. Muchos, muchísimos. Tanto que los comerciantes locales hicieron uno de los peores días del año y el Ikea de A Coruña, uno de los mejores. La zona nueva, parecía una ciudad fantasma, ya que ni siquiera había coches circulando por ella.
Al final, como rezaban las banderas rojas que colgaban días antes de la visita del Papa desde algunas ventanas de la ciudad, los santiagueses no esperaban al Papa. Más bien, huyeron de él. Algo especialmente significativo teniendo en cuenta que Santiago es, junto con Roma y Jerusalén, una de las ciudades más importantes para el catolicismo en el mundo.
Y parece que el acto decepcionó incluso a muchos fieles que acudían a ver a su ídolo durante la “peregrinación” desde el aeropuerto y hasta la plaza del Obradoiro. Y es que el Papamovil hizo el trayecto bastante más rápido de lo que se esperaba. Tanto que mucha gente, ni siquiera se dió cuenta de que había pasado.
Ni siquiera se paró a ver la estatua que la ciudad le dedicó y que quedó instalada en el barrio de As Cancelas. Allí le esperaba la Real Banda de Gaitas de Ourense, venidos para la ocasión, para hacerle un solemne homenaje. Sin embargo, la celeridad conque el Papamovil realizó su recorrido los cogió de improviso con los fuelles de las gaitas vacíos. Se cuenta que tuvieron que hincharlos a toda velocidad y que para cuando pudieron empezar a tocar en condiciones, el Papamovil había pasado de largo sin siquiera aminorar la marcha.
Luego, a comer. Dicen que crema de grelos, jarrete y empanada. Y luego de la merecida siesta, llegó al Obradoiro en su vehículo.
Su discurso, el de la Iglesia más rancia y deleznable. Atancando a la República, a la democracia, a los derechos humanos y a la libertad religiosa recordó lo importante de los valores cristianos, de la familia tradicional y bueno, ese tipo de cosas de las que se hace eco la ultraderecha española cada vez que tiene ocasión.
En definitiva, un desastre. No sé a quién benefició la visita del Papa. Supongo que a sus seguidores.
Personalmente, lamento que la administración se haya volcado en este acto con semejante dispendio de fondos públicos, pero celebro que haya sido un fracaso. Está claro que el mensaje de Benedicto XVI ni ha calado en los santiagueses ni ha tenido el poder de convocatoria que muchos le otorgaban y visto cual era el mensaje, creo que es algo de lo que debemos sentirnos orgullosos.
Benedicto XVI; Mirlo Blanco de corazón negro, vete y no vuelvas, que por aquí no te queremos.
Por cierto, para finalizar este ladrillo, os recomiendo este post de Nacho Escolar:Roma no paga a pusilánimes. En él, el autor rebate con datos concisos y dificilmente contestables las acusaciones por parte del Santo Padre y de paso, de la Conferencia Episcopal, sobre el laicismo, el secularismo fuerte y agresivo y el anticlericalismo del Gobierno. Si laicismo es precisamente lo que nos falta.
ACTUALIZACIÓN 9/11/10
Añado a este artículo dos encuestas publicadas en El Correo Gallego; el periódico local más importante de Santiago.
¿Comparte las palabras del Papa comparando el laicismo de hoy con el de los años 30 ?







