Segundo día de As Fragas do Eume. Partimos del camping a las 10:00 y siguiendo las indicaciones de Olga, la dueña del camping, tomamos hacia la derecha. Unos 200 metros más adelante por una pista, llegamos a un cruce donde encontramos ya una flecha de madera que nos indica el camino, hacia la derecha.
Bajamos por una senda a través de un bosque de eucaliptos. A mitad de este camino, según nos informó Olga, podemos seguir la misma ruta hacia el río o desviarnos por una ruta llamada “canal”, que se vuelve a unir más abajo. La ventaja de hacerlo así es que recorreremos un camino diferente a la ida y a la vuelta; mientras que de la otra forma recorreremos el mismo camino dos veces.
Como no dimos con la entrada a la “canal”, seguimos bajando sin más. Poco a poco, a medida que nos acercábamos al río comenzamos a apreciar como poco a poco, el paisaje volvía a cambiar hasta convertirse en una hermosa fraga de árboles autóctonos. Y así, llevamos a un pequeño río, cruzado por un puente de aspecto bastante inestable.
Y a partir de ahí, comenzamos de nuevo a subir. Una pendiente moderada nos llevaba por la otra ladera del valle.
adentrándonos por idílicos pasajes que se internaban en medio de la espesura.
Después de un par de quilómetros, ya a una altura considerable, pudimos disfrutar de imágenes como estas donde vemos la caida del valle repleta de maleza y árboles.
Y agua. Mucha agua. Como ya he dicho anteriormente, fuimos en primavera, de modo que los numerosos afluentes; en realidad pequeños regatos que bajaban hasta el río, iban repletos de agua.
Y de nuevo a bajar.
Seguimos por una cuesta bastante empinada de argamasa, que descendía de nuevo hacia el valle Y temimos (con razón) el camino de vuelta. Y es que esta etapa es posiblemente la más dura de las Fragas.
Un nuevo puente de madera nos llevaba de nuevo al otro lado del río, donde de nuevo un sendero estrecho e irregular, continuaba bordeándolo.
Y por fin llegamos hasta el monasterio de Caaveiro. Una construcción singular, no tanto por lo que es, si no por estar donde está. Se trata de un pequeño monasterio construido sobre una roca, en medio del valle. Los monjes que lo habitaban, cultivaban las tierras del valle en pequeñas y escalonadas terrazas. Aún hoy en día se pueden apreciar algunos vestigios de estas terrazas, aunque hoy en día la espesa vegetación del valle, se ha apoderado de ellas.
Al lado de Caaveiro, teneis uno de los rincones más bellos de las Fragas y yo creo, que de toda Galicia. Se trata del conjunto formado por el puente románico y el molino que daban servicio al monasterio. Pero esto lo dejaremos para más adelante pues ese día, pasamos por al lado de la senda de acceso sin siquiera pensar que conduciría hasta un lugar tan hermoso.
La Ruta del Medievo continuaría nuestro camino, en dirección al alto de As Neves. Pero nos pareció demasiado, así que observando el mapa, decidimos continuar por la ruta de los Encomendadores, hasta la central eléctrica, pensando que una vez allí, encontraríamos un atajo que nos permitiría volver al camping sin desandar camino. Y efectivamente lo hay, pero…
Resulta que comenzamos a caminar por una senda cuesta arriba, alejándonos de Caaveiro hacia el este hasta llegar a la carretera que viene de As Neves y llega hasta la misma central, como a 2 kilómetros de camino y desde allí, siguiendo la carretera, llegamos hasta la central. Un puente cruzaba el río. Sin embargo, no encontramos por donde volver hacia el camping de forma clara, con lo que decidimos desandar camino. Una vez en el camping, Olga nos aclaró que el atajo es posible; a través de la central. Por lo visto, es su deber dejar una servidumbre de paso y aunque tengan la cancela cerrada, los viajeros están en su derecho de atraversarla. Si lo hubiéramos seguido, habríamos llegado en seguida hasta el primer puente y de ahí, de vuelta al camping. Pero tal como lo hicimos tuvimos que desandar todo el camino, con lo que nos hicimos una hora y media más de pateada.
Ya de regreso, la luz del atardecer nos ofreció algunas de las imágenes más hermosas del día.
























tengo que volver
Un biquiño, neniños!
sí que tenéis que volver. más bicos para los madriles!